Al hilo del
comentario de Gloria de “Marinando la perdiz” en mi anterior entrada sobre
algunas intolerancias y alergias me da pie para contar mi experiencia con una
pescadería a la cual iba desde hace seis años (por cierre de mi pescadería de habitual)
y que desde hace dos años me ha estado pasando lo que voy a explicar.
Comenzamos a notar en los pescados un saborcillo parecido a limón, era un sabor
no muy grato al paladar sobre todo el marisco. A renglón seguido comenzamos a
notar tanto mi marido como yo que la orina comenzó a oler sobre todo la de la
mañana a aguas fecales, nos sonó muy raro y comencé a preguntar en mi entorno
por si a alguien más le ocurría pensando si pudiera ser consecuencia del agua
potable a personas que no iban a la misma pescadería y me dijeron que no. A
partir de ahí ya planté las orejas y comencé a observar si era con todos los
pescados como así fué, además que comenzamos a notar el mismo gusto a todos sin
ningún sabor característico y sabroso de cada uno. Quise irme a otra pescadería
por que en esta que he menciono acabé comprando solo lo justo, me sabía mal
irme porque el trato había sido excelente (todo hay que decirlo) pero tenía
casi la certeza de que me estaban perjudicando (ojo no infringen ninguna ley
según he investigado y puede venir desde el mercado mayorista de donde sea que
compren el género, porque lo que pongan sea donde sea está aprobado por el
ministerio no creo que se quieran pisar los dedos) pero… nos están perjudicando.
Quise en un principio alternarlas las
dos, en esta nueva me ocurría menos pero no dejé el olor ese penetrante a cloaca
que he mencionado antes, comencé a tener episodios de estómago, por Navidades
lo pasé fatal con dolor de estómago, vomitando y no me entraba la comida, por
estas fechas como me encontraba en Cerdeña en casa de mi hija (allí comemos
bastante pescado, yo es lo único que como ya que con la carne estoy peleada
como ya he mencionado en ocasiones y si no como pescado estoy perdida, porque
el resto de alimentos aunque coma de todo no son suficientes por la tesitura en
que me encuentro), la comprobación fué que el olor desapareció, cuando regresé quise
volver a probar y lo mismo, ya tuve la certeza del todo, lo que em provocaba
esa anomalía era los productos
conservantes que puedan poner en el pescado y marisco para mantenerlo y tenga
buena apariencia. Entonces y ojalá lo hubiera hecho ante se lo comenté a mi
amiga y antigua pescadera donde iba durante tantos años sin ningún problema
(cerró por jubilación) lo que me ocurría y casi me lo aseguró, ellos no ponían
nada de nada les daba miedo perjudicarse incluso ellos que comían del producto
que vendían. Me recomendó una pescadería muy pequeñita de toda la vida pero que
yo ni pensé porque la tengo bastante lejos de mi casa, ellos van a comprar allí
desde que cerraron, vuelvo a decir que ojalá se lo hubiese dicho antes porque
ahora estamos bien, y yo del estómago que ni me creo. Este hombre va a la
subasta cada tarde al puerto que tengo más cercano, no compra lo que él piensa
que va a vender en el día y la calidad vamos… ni punto de comparación, cada
pescado o marisco sabe a lo que tiene que saber en cada especie desde que
recuerdo, pero… lo más importante que ahora estamos bien, lo pasé mal y la
última vez que vomité pensé de verdad que tenía algo malo.
Os adjunto
el enlace de NORMA del blog “Siempre será primavera”, su última entrada sobre aditivos alimentarios es muy, pero que muy interesante.
https://siempreseraprimavera.blogspot.com/
































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