domingo, 29 de marzo de 2026

ROMA
















Sigo con mi viaja a Italia. A la vuelta a casa como había que volver a hacer Olbia, Roma se decidió pasar los cuatro dos días en Roma, fue una magnifica idea, todo un acierto ya que nunca pensé pasearme por Roma. El aeropuerto de Fiumicino está muy bien comunicado por tren, va directo al centro, bajamos en la estación del Trastévere ya que teníamos el hotel por aquella zona. Salimos de la estación y como teníamos tiempo de sobra hasta que nos entregaran la habitación y poder dejar todo, enfilamos la avenida que hay enfrente de la estación el “Viale di Trastévere” que llega hasta el rio; intuíamos que el recorrido era largo, pero mereció la pena ir por ella y eso que sus hermosos plataneros estaban completamente sin hojas, en primavera y verano será una pasada enfilarla con sus árboles tan frondosos y dando tanta sombra, árboles que separan el tráfico de sus grandes aceras que bordean la avenida y de vez en cuando el tintineo del tranvía. Dejamos todo después de una buena caminata ya que el hotel estaba más cerca del rio que de la estación y a andar de nuevo, nos dimos una vuelta por lo más emblemático del Tratévere y la verdad lo podéis comprobar en las fotografías de cómo están algunas de sus callejuelas con los edificios pintarrajeados algunos hasta la segunda planta, me pregunto cómo se ha consentido, para mi es un hecho vandálico, habrá quien lo encuentre muy artístico. Siguiente parada el rio Tiber majestuoso a su paso por la ciudad, los colores agua y cielo muy bonitos a esa hora del día. De ahí al panteón de Agripa, yo siempre he entendido que el panteón era de Adriano, no iba muy desencaminada ya que Adriano fue el que lo reconstruyó casi en su totalidad después de que este sufriera un gran incendio que lo destruyó, Adriano dejó la inscripción en su fachada original dedicado a Agripa. Te sientes muy pequeño ante las columnas de su fachada, son enormes y grandiosas, nos hubiese gustado mucho entrar dentro y mirar hacia su cúpula, pero… las colas a esa hora eran ya considerables y no teníamos demasiado tiempo. La siguiente parada la Fontana di Trevi, entras en esta plaza y no te imaginas la grandiosidad de la fuente, la hemos visto en infinidad de documentales y películas, pero una vez te plantas allí no es ni sombra de lo que te imaginabas, otra sorpresa gratísima. Yendo hacía el Coliseo anda que andarás porque todo es a base de andar mucho si quieres ver, pasas por infinidad de lugares que te asombran también muchas en estado de restauración, columnas que da vértigo mirar para arriba pensando en cómo se construyeron, plazas con fuentes descomunales, edificios que no sabes hacia donde mirar, en una de las plazas acabamos en un mercado de frutas y verduras, sitio que me encanta visitar allá donde vamos, y un largo etc. Cuando enfilamos la avenida en la cual se veía el coliseo al fondo me sentí decepcionada, así como la fontana di Trevi me impactó, el coliseo a medida que me iba acercando me iba decepcionando más, en documentales me había parecido algo más grandioso, espectacular y lo vi encerrado y pequeño para la imagen que tenía. Muy cerca del coliseo el arco del triunfo de Constantino, la misma sensación que con el panteón, he tenido con cada uno de los edificios y demás que hemos ido encontrando a nuestro paso un sentimiento de pequeñez. Después del arco del triunfo ya andábamos cansados y decidimos irnos al hotel a descansar un poco hasta la hora de cenar, habíamos descubierto por la mañana una calle con muchos restaurantes en el Trastévere, nos decidimos por uno y lo acertamos, cenamos y comimos al día siguiente de maravilla, cantidad y calidad, la lástima es que yo llevaba un problemilla de estómago y no pude disfrutar como me hubiese gustado. Después de la cena ellos pudieron disfrutar de un buenísimo helado en una heladería cercana “Fior Di Luna” que había ganado un premio a nivel mundial, yo a hacer bondad.

Al día siguiente hubo que levantarse temprano por adelantar el día ya que nuestros respectivos vuelos eran por la tarde, noche. Me hacía ilusión ver la plaza de España, plaza que había visto en reportajes y postales y no sé porque me llamaba, la embajada española muy cerca. Me desilusioné un poco ya que siempre la había visto llena de flores, verde y me encontré una plaza y escalinata sin nada, esto lo llevo observando en muchas plazas y ciudades incluida la mía, tendrán un extraño motivo… las plazas y calles demasiado diáfanas. Seguimos deambulando por la Roma antigua, se quedó muchísimo por ver de ahí que en el próximo viaje Dios mediante me hace muchísima ilusión pasar algún día más por ella. De Venecia me enamoré completamente pero de Roma también; hay una conexión que no puedo explicar con ambas ciudades, además como no andaba bien de la barriga se me quedó pendiente el helado que no pude tomar y un buen dulce en la pastelería de uno de los mejores pasteleros Italianos Iginio Massari (al que sigo desde hace tiempo) ya que no pude probar ninguna de sus exquisiteces, su pastelería en Roma está ubicada en el pasaje Alberto Sordi, pasamos por algunos de estos pasajes y hay que mirar no solo las tiendas sino al techo, son una maravilla.

Después de comer y recoger todo nos dirigimos a la estación y de allí al aeropuerto, una vez dentro nos despedimos pues cada uno tuvo que pasar el embarque por sitio distinto para su vuelo, con lo grande que es Fiumicino nos comunicamos por teléfono y casualidad o que tenía que ser estábamos a dos pasos así que hasta la salida de nuestros respectivos vuelos estuvimos juntos de nuevo, las despedidas ya se saben, ¿no?.

 

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