Muchos amigos del blog de cocina habréis observado que
cuando publicáis alguna receta de carne no suelo comentar, hay un buen motivo
que explico. Desde pequeña que la carne no ha sido un plato de mi gusto siempre
me daba no sé qué, cuando mi abuela me preparaba algún trozo a la plancha me lo
comía a regañadientes y me lo tenía que hacer como si fuera una suela de
zapato, si era guisada siempre protestaba y en cuanto a los embutidos lo mismo,
esto fue creciendo con los años hasta que dejé de comer por completo, de esto
hace ya ni me acuerdo. Lo achaco quizás a que desde pequeña mi abuela me decía
cuando mataba algún animal del corral que la ayudara a pelarlo, esto quizás me
hizo aborrecer de alguna manera la carne en general, aunque también he de
comentar que a mi padre no le hacía mucha gracia tampoco y cuando mi abuela
preparaba siempre le decía lo mismo -madre me ha matado- esto era porque le
gustaba bien poco, aunque nunca sabré si fue por algo determinado. De ahí que
cuando publicáis algún plato que no dudo estará suculento y de diez no os
comente, pienso que sería injusto deciros que bueno está si yo sería incapaz de
comérmelo, ¿no os parece?.
Imagen de cabecera sacada de internet.